lunes, 6 de diciembre de 2010

La inversion de Dios en los musicos.

Tu sabes todo lo que Paulo hizo por la causa de Jesús, no solo en aquella región de la antigua Asia menor, también en toda Europa, que era territorio  desconocido para él. La evangelización en Europa  se debe al apostolado de Paulo.


Nadie fue para ese lugar, Paulo fue el primero que abrió el camino, el Evangelio llego a Europa y  por eso llego hasta mi, llego hasta ti, y fue por causa del ministerio de Paulo.

No te imaginas lo que el Señor quiere hacer por tu intermedio y tus cualidades musicales, Dios no invirtió en vano en Paulo, Él no invirtió en vano en ti.

 Cuando era un niño de 12 para 13 años, en la fiesta de Santa Cecilia patrona de la música, pedí en la hora de la bendición del Santísimo, con la sencillez  de un niño; “Señor si la música es importante para mí cuando me convierta en sacerdote, abre las puertas para que yo aprenda”.

Hubo una respuesta inmediata.

En aquellos días vinieron a preguntarme si me gustaría aprender  algún instrumento de la banda,  había una banda  en el seminario y fui a aprender requinta,  un instrumento semejante al clarinete pero más  agudo.
Estábamos cerca de navidad, la fiesta de Santa Cecilia era el 22 de noviembre, era hermoso integrar  el coro, hicieron una invitación para ser parte del él, hice la prueba. Entre y ya comencé a cantar en aquella navidad. 

En el mes de enero preguntaron quien quería aprender a tocar el piano, y fui a aprender a tocar el piano, era el Señor que estaba invirtiendo en mi.

No me imaginaba lo que el Señor iba a hacer conmigo a partir de la música, Dios no estaba invirtiendo en mí en vano.

Cuando era niño,  cantaba canto gregoriano, el canto gregoriano es  la mejor preparación para la voz, Dios invertía, no me imaginaba hasta qué punto el quería invertir en mi, se que en el camino de mi vida desperdicie  muchas cosas , infelizmente me deje llevar por muchas cosas que no eran importantes!!! Pero el Señor fue invirtiendo en mí, de una manera especial, cuando me bautizo en el Espíritu Santo en 1971 hubo una gran señal de que Dios tenía una proyecto para mí.

Mire el resultado, no hablo por los disco grabados, o un programa de radio, o de televisión, esto es lo de menos, mire lo que hoy es Cancao Nova, lo que Dios hizo por mi intermedio, diciendo esto no me estoy exaltando a mí mismo, Dios me libre de esta vanidad, al contrario estoy exaltando al Señor, se lo pequeño que soy, como desperdicie y perdí muchos dones que el Señor me dio. 

El Señor es infinitamente poderoso y fiel. Me remodelo y me devolvió todo; gracias a Dios, ahí está el resultado!  Si fuese más fiel el resultado sería mucho más grande.

No puedes imaginar las dimensiones de la inversión que el Señor tiene para tu vida! Cuando el invierte tienen en  vista objetivos, no pienses apenas en el instrumento que tocas y en la voz que tienes. Piensa en el pueblo para el cual fuiste constituido, como Saulo. La salvación de un pueblo. 

Dios quiere usar también tu musicalidad, y tus dotes artísticas, Dios te quiere utilizar.

Piensa en el pueblo y no en ti, ser músico no es hacer shows, nadie está  el ministerio para hacer show: para aparecer  y ser aplaudido. Sino para atraer a las personas hacia Dios.

Hay un pueblo a ser conquistado, el Señor necesita de ti como instrumento de rescate.

El Señor tiene almas para rescatar, El quiere hacerlo por medio del ministerio de tu ministerio, de tus dones, de tu musicalidad. El quiere usarlo con su pureza, su santidad, su empeño en la búsqueda de la palabra de Dios y del rescate de almas, como hizo con Paulo.

 Cuando el pueblo de Israel comenzó a volver para su tierra, encontró judíos de color negro, eso les extraño mucho, esos judíos negros venían del norte de África, de Etiopia, eran profundos conocedores de  la biblia y creían en Jesús  como mesías,  probablemente son descendientes del etíope evangelizado por Felipe, son casi 2 mil años, mire la fuerza de una elección.

Las elecciones de Dios traspasan los tiempos, cuando el invierte, lo hace enserio.

Presenta al Señor tu cuerpo, tu alma, tu espíritu, presenta tus dones, tu musicalidad, presenta como Saulo tu voluntad decidida de obedecer; “Señor que quieres que yo haga? “
Pregunta al Señor y reza;

"Si Señor que quieres que yo haga?, cual es mi camino?, cuál es tu voluntad conmigo?".
En primer lugar lo que el Señor quiere de mi es rescatarme, y llenarme del Espíritu Santo, lo que el Señor quiere hacer de mi  es un hombre nuevo, una criatura nueva, volverme un discípulo suyo.

Estoy aquí entregándome Señor en mi pobreza, hasta en la traición que yo hice dejándome llevar por las cosas del mundo, dejándome robar por las fuerzas del mal, si,  humillado me entrego, aquí está  tu siervo Señor, que se haga en mi según tu voluntad.

Señor tal vez este muy golpeado, herido por aquello que el mundo hizo en mí, lo que el mundo derribo, pero tu recibes de vuelta al hijo prodigo, a tu escogido, aquel que el Señor escogió y mantuvo bajo su mirada.

Estoy  aquí de vuelta Señor!  Como el hijo prodigo, sucio y rasgado, pero estoy de vuelta Señor me entrego a ti.

Revísteme Señor del Espíritu Santo,  solo no puedo continuar, necesito estar contigo, Señor, con este pueblo que necesita ser  rescatado, al servicio de él, ya me serví mucho a mi mismo, a mi gloria personal, a mi ambición, a las apariencias y querer ser aplaudido, necesito servir a ese pueblo que debe ser evangelizado, servirte a ti Señor.

Entonces, estoy aquí, necesito de una comunidad, necesito de la comunión de los santos, de tus ángeles, solo no puedo continuar, me entrego a ti Señor. Amén!!!

Mons. Jonas Abib (fundador de la comunidad Cancao Nova)
Del libro  "Musicos en orden de batalla"

jueves, 2 de diciembre de 2010

EL TIEMPO LITÚRGICO DEL ADVIENTO


1. ¿Qué es el Adviento?

Es el tiempo litúrgico marcado por las cuatro semanas antes de Navidad, en las que centramos nuestra mirada en la espera y preparación de la venida de Jesucristo. No se trata de hacer como una ficción consistente en simular que Jesús todavía no ha venido a nuestro mundo, e imaginarnos que somos la gente del Antiguo Testamento que esperaban la llegada del Mesías. Jesús ya vino hace dos mil años, y con su venida ha transformado nuestra historia y nuestra vida. Somos sus seguidores y hemos recibido su Espíritu para ser continuadores de su obra. ¿Qué quiere decir entonces, esperar y preparar su venida? Quiere decir varias cosas: en primer lugar, significa revivir la venida histórica de Jesús, quiere decir mirar hacia atrás, hacia ese acontecimiento trascendental sucedido hace dos mil años y revivirlo con toda la intensidad. Por eso en el Adviento nos preparamos para celebrar, con toda intensidad ese hecho decisivo para nuestra salvación: Dios se ha hecho hombre, ha venido al mundo a vivir como uno de nosotros, ha entrado en nuestra historia para librarnos del pecado y del mal, ha asumido nuestra naturaleza humana, nuestra carne, y ha hecho de ella vida plena, vida divina. Adviento significa en segundo lugar celebrar y abrirse a la venida constante de Dios, de Jesús, a nuestras vidas y a la vida de la humanidad, venida que se realiza ahora, en cada momento. El tiempo del Adviento nos ayuda a tener presente que Dios viene constantemente a nuestras vidas, a través de los acontecimientos y de las personas con que nos encontramos a diario. Todo hombre y toda mujer, todo acontecimiento que sucede es una llamada que nos hace Dios, una presencia de Dios que nos interpela. Finalmente, en el Adviento celebramos una tercera venida del Señor: es su última venida, la venida definitiva al final de los tiempos, cuando llegará a término nuestra historia humana y entraremos para siempre en la vida de Dios. Este es el horizonte final de nuestra existencia: compartir con toda la humanidad la vida plena de Dios. Jesús vendrá entonces y transformará definitivamente nuestro mundo y nuestras vidas para que sean para siempre vida de Dios, Reino de Dios.

2. Las actitudes del Adviento

Las actitudes interiores que mejor nos preparan a esta venida se pueden expresar de la siguiente manera:
  • Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración, en una apertura atenta y disponible a reconocer los “signos” de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos de la vida, y al final de los tiempos. Por la fe percibimos y reconocemos la presencia de Dios en los sacramentos, en su Palabra, en la asamblea litúrgica y en el testimonio de cada uno de los bautizados. La vigilancia nos pone en guardia ante el mal que nos acecha y nos invita a poner nuestra confianza en Dios que nos salva y nos libera de ese mal y que pasa por nuestras cosas.

  • Andar por el camino trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

  • Andar por el camino trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

  • Dar testimonio de la alegría que nos trae Jesús salvador, junto con la caridad afable y paciente hacia los otros; estar abiertos a todas las iniciativas que busquen el bien común, a través de las cuales ya se construye el Reino de Dios.

  • Profundizar en el espíritu de oración: el Adviento invita a vivir más intensamente el espíritu de oración. Acercarse más al Señor que viene, desear su venida, poner ante él la debilidad de nuestra condición humana, reconocer que sin él no podemos hacer nada, compartir con él la vida que hemos vivido y descubrir en ella su presencia, compartir con él nuestras alegrías e ilusiones. Sin espíritu de oración, todo el camino de espera de la venida del Señor sería una cosa externa a nosotros, no llegaría a nuestro interior. Todo el Adviento tiene que ser vivido como un levantar el corazón a Dios, para que penetre muy adentro en nosotros su presencia salvadora.

  • Conservar un corazón pobre y vacío de sí mismo, imitando a san José, a la Virgen y a san Juan Bautista, los otros “pobres” del evangelio, quienes precisamente por ser así, supieron reconocer en Jesús al Hijo de Dios, venido a salvar a todos los hombres y mujeres. El Adviento también es tiempo de conversión, es reconocer que necesitamos de él. Implica una actitud de hambre y de pobreza espirituales, hambre de ser liberados de las opresiones y esclavitudes del pecado. Pobreza que nos lleva a sentirnos necesitados de Aquel que es más fuerte que nosotros. Disposición para acoger cada una de sus iniciativas.

  • Participar en la celebración eucarística durante el Adviento, significa acoger y reconocer al Señor que siempre viene a estar en medio de nosotros, seguirlo por el camino que conduce al Padre, para que con su venida gloriosa al final de los tiempos, él nos introduzca a todos juntos en el Reino, para ”hacernos tomar parte de la vida eterna”, con los bienaventurados y santos del cielo. El Adviento es tiempo propicio para escuchar la Palabra de Dios que nos invita a estar alerta: “Tengan cuidado: no se les eche encima de repente ese día y queden al margen.”

  • Despertar los sentimientos de alegría, esperanza y paz, aun en medio de las dificultades. Esta actitud va muy unida a la vigilancia. La segunda venida del Señor nos da alegría y paz y alimenta nuestra esperanza, mientras caminamos en este mundo. Porque sabemos que, pase lo que pase, siempre tenemos la confianza de que Dios nos ama y nos acoge a todos, pero especialmente a los pobres y a los que más han sufrido, y nos dará una vida nueva que nadie nos             nos podrá arrebatar, no sólo individualmente sino a todos, porque todos los hombres y mujeres, la humanidad en colectivo, estamos llamados a la vida de Dios.

  • Actitud misionera: es hacer presencia de Cristo en el mundo. El hombre busca ansiosamente su razón de existir. A pesar del avance de la tecnología que ha facilitado mucho las comunicaciones, el hombre no ha llegado todavía al coloquio fraterno. Cada vez se siente más necesitado de la comunidad que se establece entre las personas. El cristiano debe ser signo de fraternidad y comunión, y testigo de Cristo en un mundo que, tentado por el progreso técnico y por el humanismo, a veces quiere emanciparse de Dios.

  • Cultivar la virtud de la paciencia: los primeros cristianos pensaban que la segunda venida del Señor se realizaría muy pronto y que ellos serían llevados, aún con vida, hacia la vida definitiva. Con el paso del tiempo al ver que esto no ocurría, los apóstoles y los responsables de las comunidades fueron descubriendo que había que tomar otra actitud: hay que pasar de la tensión del que espera el fin inmediato del mundo que dé seguidamente la salvación a la actitud de considerar la vida en este mundo como un camino hacia la plenitud que un día llegará. Es cierto que el Señor viene, que está cerca, pero no sabemos exactamente cuándo se manifestará definitivamente (cf. St 5,7-8; Mc 4,26-29; Mt 13,24-30).
3. Las dos partes del tiempo del Adviento

Un aspecto importante del Adviento es que litúrgicamente está dividido en dos partes. Esto se nota principalmente en la distribución de las lecturas. a. La primera parte del Adviento
Es la que va desde el primer domingo hasta el 16 de diciembre. Durante todo este tiempo, lejos aún de la preparación de la Navidad, las lecturas de la misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: la venida salvadora al final de los tiempos, la venida salvadora ahora, cada día, y la venida salvadora que tuvo lugar hace dos mil años. Estos tres aspectos se mezclan y son enfocados por las lecturas de los profetas y de los evangelios. Los primeros días del Adviento (hasta el miércoles de la segunda semana), el centro de interés de las lecturas está en unos textos tomados del profeta Isaías, leídos como primera lectura. Los oráculos de Isaías nos van guiando en la espera de la vida nueva de Dios  que el Mesías viene a traer. Como complemento, el evangelio nos presenta un conjunto de escenas de la vida de Jesús que muestran que las profecías de Isaías se van cumpliendo en las palabras y los hechos de Jesús.
A partir del jueves de la segunda semana, el personaje principal de las lecturas es Juan Bautista. Desde este día hasta el 16, se leen trozos del evangelio en los que aparece Juan Bautista o se habla del significado de su misión como precursor del Señor.

b. La segunda parte del Adviento
Al llegar el día 17, cambia la escenografía del Adviento. Esta última semana se concentra en la preparación de la Navidad. El día 17 se dejan las lecturas que se venían haciendo según el orden semanal y se empieza el nuevo orden de lecturas que va según el número del día (17 de diciembre, 18..., etc.) Esta semana guarda una cierta semejanza con la Semana Santa que concluye la Cuaresma y conduce a la Pascua. Por eso algunos la han llamado “la semana santa que prepara la Navidad”. La liturgia invita a vivir estos días con mayor alegría, guiados por los personajes que vivieron con tan de cerca el acontecimiento del nacimiento del Mesías: María, José, Zacarías, Isabel, etc.
Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús: se lee primero el capítulo 1 del evangelio de Mateo, luego las escenas del capítulo 1 de Lucas. Así se puede contemplar toda la preparación inmediata del cumplimiento de las promesas de Dios. Esas promesas de Dios, que se habrían de cumplir en Jesús,  se leen en los pasajes del Antiguo Testamento, como la primera lectura.
La Liturgia de las Horas también contiene muchos elementos que preparan para la Navidad.

4. Los cuatro domingos del Adviento

Los cuatro domingos del Adviento son la columna vertebral que ayuda a la vivencia de este tiempo. El domingo sentimos de manera especial que lo que vivimos a diario entra en contacto personal y comunitario con el Señor. Hay toda una pedagogía para vivir el tiempo del Adviento desarrollada progresivamente a lo largo de los cuatro domingos: el primer domingo se centra la atención sobre todo en la venida gloriosa del Señor al final de la historia para llevar a cabo la consumación de su Reino. El segundo y tercer domingos, el interés se centra el Juan el Bautista y nos apremian a preparar el camino del Señor, a estar atentos a su venida constante. El cuarto domingo se centra en la preparación de la fiesta ya muy cercana de la Navidad: María es la figura central, y su espera es el modelo y estímulo de nuestra espera. Ese itinerario está complementado por las primeras lecturas: en los tres primeros domingos, las primeras lecturas recogen las grandes esperanzas de Israel, y en el cuarto domingo también conducen junto con el evangelio a las promesas más directas del nacimiento del Hijo de Dios. Los salmos por su parte cantan la salvación del Dios que viene o son plegarias que piden su venida o su gracia renovadora. Las segundas lecturas,tomadas de las cartas de San pablo o demás cartas apostólicas, exhortan a vivir la venida del Señor.
Una buena manera de vivir el Adviento será dedicar cada semana un rato a reflexionar sobre estos textos, sobre todo, las lecturas del domingo correspondiente. A continuación se presenta un esquema de las lecturas de estos días.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LA MÚSICA EN LA LITURGIA



Dice Ratzinger: “La importancia que la música tiene en el marco de la religión bíblica puede deducirse sencillamente de un dato: la palabra cantar (junto a sus derivados correspondientes: canto, etc.) es una de las más utilizadas en la Biblia.  En el Antiguo Testamento aparece en 309 ocasiones, en el Nuevo Testamento 26.  Cuando el hombre entra en contacto con Dios, las palabras se hacen insuficientes.  Se despiertan esos ámbitos de la existencia que se convierten espontáneamente en canto.”
La música sagrada es aquella que, creada para la celebración del culto divino, posee cualidades de santidad y de perfección de formas.  La música sacra será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya enriqueciendo de mayor solemnidad los ritos sagrados.
La música sagrada tiene el mismo fin que la liturgia, o sea, la gloria de Dios y la santificación de los fieles.  La música sagrada aumenta el decoro y esplendor de las solemnidades litúrgicas.
“La música sacra – dirá el Papa Juan Pablo II – es un medio privilegiado para facilitar una participación activa de los fieles en la acción sagrada, como ya recomendaba mi venerado predecesor san Pío X en el motu propio ‘Tra le sollecitudini’…”
Joseph Ratzinger tiene unas bellas palabras: “La música en la Iglesia surge como un carisma, como un don del Espíritu, es la nueva ‘lengua’ que procede del Espíritu.  Sobre todo en ella tiene lugar la sobria embriaguez de la fe, porque en ella se superan todas las posibilidades de la mera racionalidad.  Pero esta ‘embriaguez’ está llena de sobriedad porque Cristo y el Espíritu son inseparables, porque este lenguaje ‘ebrio’, a pesar de todo, permanece internamente en la disciplina del Logos, en una nueva racionalidad que, más allá de toda palabra, sirve a la palabra originaria, que es el fundamento de toda razón.”
La música no debe dominar la liturgia, sino servirla.  En este sentido, antes de San Pío X se celebraban muchas misas con orquesta, algunas muy célebres, que se convertían a menudo en un gran concierto durante el cual tenía lugar la Eucaristía.  Ya se desvirtuaba la finalidad profunda de la música litúrgica, la gloria de Dios.  Amenazaba la irrupción del virtuosismo, la vanidad de la propia habilidad, que ya no está al servicio de todo, sino que quiere ponerse en un primer plano.
Todo esto hizo que en el siglo XIX, el siglo de una subjetividad que quiere emanciparse, se llegara, en muchos casos, a que lo sacro quedase atrapado en lo operístico, recordando de nuevo aquellos peligros que, en su día, obligaron a intervenir al concilio de Trento, que estableció la norma según la cual en la música litúrgica era prioritario el predominio de la palabra, limitando así el uso de los instrumentos.
También Pío X intentó alejar la música operística de la liturgia, declarando el canto gregoriano y la gran polifonía de la época de la renovación católica (con Palestrina como figura simbólica destacada) como criterio de música litúrgica.

Géneros de música sagrada que se permiten en la Iglesia
San Pío X ofreció como modelo de música litúrgica el canto gregoriano, porque servía a la liturgia sin dominarla.  Tras el Concilio Vaticano II, con la introducción de la lengua del pueblo en la celebración, la música cambió y se buscaron otras melodías diferentes al gregoriano.  Sin embargo, el principio de que el canto debe servir a la liturgia continúa vigente.

Criterios de selección de los cantos de la Misa
Canto de Entrada
Es la primera expresión de fe, de unidad, del sentido de la celebración y de la alegría de hermanos que se encuentran entre ellos y con su Padre Dios. La liturgia es celebrada por un pueblo, el Pueblo de Dios; cada uno y todos participan según su función propia.  Pertenece al pueblo, en este momento, manifestar su fe y sus alegrías.
Criterios
Es un canto que facilita la participación de todo el pueblo – no es un canto sólo del Coro que es escuchado por la asamblea).  Debe tener una relación con el tiempo litúrgico o la fiesta que se celebra.  Debe manifestar la alegría del encuentro de un pueblo reunido para celebrar a su Señor.  Es un canto que acompaña la procesión de entrada (conviene que haya una procesión hacia el altar, constituida al menos por el sacerdote y sus acólitos).
“Señor ten piedad” y Gloria
El canto del “Señor ten piedad” (Kyrie Eleison) nos ayuda a expresar que el Hijo conoce nuestra condición humana y que venció el pecado del mundo.  El himno del “Gloria” es una hermosa Doxología o alabanza a Dios, fruto de la inspiración poética de las comunidades cristianas primitivas.
Criterios
Estos cantos no so presidenciales: son cantos de la Asamblea.  Pueden ser rezados o cantados a dos coros.    El “Gloria” no puede ser reemplazado por otro canto de alabanza.  Debe mantenerse la letra que viene en el Misal, ya que se trata de uno de los más hermosos textos de la Iglesia primitiva.
Existen formas de cambiarlo sin mutilarlo ni alterarlo, y vale la pena adoptarlas o componer nuevas e incluso recitarlo debidamente; pero en ningún caso seguir cantando lo que aunque dice “gloria” no tiene nada que ver con este Himno.
Cantos Interleccionales
Nos referimos al Salmo responsorial y al Aleluya (Alabad-Yahvé).  El salmo corresponde a la Asamblea que formula su respuesta a la Palabra utilizando las mismas palabras inspiradas por Dios.  El Aleluya es un canto de alabanza por el que nos disponemos a escuchar al Señor Jesús que nos habla en el Evangelio.
Criterios
Para que el Salmo cumpla su función litúrgica no debe ser reducido a una simple lectura: normalmente debe ser cantado, por lo menos la antífona a manera de estribillo.  No se debe cambiar el Salmo por cualquier canto religioso: sería empobrecer la liturgia de la Palabra, ya que el Salmo es un texto bíblico por el cual Dios habla a su Pueblo, y además tiene relación con la lectura bíblica.
Canto de prestaciones de las Ofrendas
Es un canto de la Asamblea que acompaña este momento en el que se ofrece el pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Criterios
Es un canto que lleve el sentir de la asamblea, que ofrece el esfuerzo realizado en la jornada o semana que culmina.  Debe expresar necesariamente el ofrecimiento del pan y del vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre del Señor.  Debe relacionar la vida como ofrenda que se una a la oblación del Hijo por amor.
Santo, Aclamación eucarística y “Amén”
El “Santo” que sigue el Prefacio es la mayor aclamación de la Misa; por eso debe ser el primer canto por orden de importancia.  La “aclamación eucarística” es la respuesta de la Asamblea a la monición del sacerdote cuando dice: “este es el sacramento de nuestra fe”.  Al terminar la Plegaria eucarística, la Asamblea dice “Amén” para unirse a la Doxología expresada por el sacerdote.
Criterios
El “Santo” no debe ser cambiado por otro canto religioso; debe conservarse la letra que aparece en el Misal (aunque se puede hacer alguna paráfrasis). 
Conviene que la Asamblea responda con el canto a la monición del sacerdote después de la consagración: “…este es el sacramento de nuestra fe”…  La Doxología (“Por Cristo, con El…”) la pronuncia sólo el sacerdote: la Asamblea se une con el “Amén” (puede ser cantado, aunque el sacerdote no hubiera cantado la Doxología).
Padrenuestro y Cordero de Dios
La ‘oración dominical’ puede ser cantada.  En tal caso, debe conservarse el texto litúrgico, tal como aparece en el Misal.  Lo mismo vale para el ‘Cordero de Dios’.  No existe ningún texto litúrgico para el Canto de la paz.
Criterios
Sería preferible no cantar nada durante el rito de la paz para que el saludo pueda ser más espontáneo.  Pero si hay algún canto, éste no debe reemplazar al ‘Cordero de Dios’ que por lo menos debe ser recitado durante el rito de la ‘fracción del pan’.  Tampoco debe prolongarse el canto de paz y el saludo, con el peligro de romper el equilibrio de los gestos.
Cantos de Comunión
Después de las preparaciones y de las insistencias en el Cuerpo de hermanos que formamos en Cristo, resuena la invitación en el Apocalipsis: “Dichosos los invitados a las bodas del Cordero” (Ap. 19,9): proclama la participación en la Cena Definitiva que la comunión sacramental es participación en el Reino ya presente, de la comunión con Dios.
Criterios
El canto de comunión empieza cuando comulga el sacerdote y se prolonga mientras comulgan los fieles, hasta el momento que parezca oportuno. 
El canto debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, demostrar la alegría del corazón y hacer más fraternalmente la procesión de los que van avanzando para recibir el Cuerpo de Cristo.  El contenido ha de ser propiamente “eucarístico” – agradecer la presencia real de Jesús en el sacramento y la comunión que El realiza en los hermanos.
Canto de Meditación o Acción de Gracias
En el caso de que se entone un himno después de la comunión, ese canto conclúyase a tiempo para dar lugar a la oración final.  Puede ser un Salmo, un himno de acción de gracias, o algún otro canto de alabanza, pero siempre inspirados en las Sagradas Escrituras (aunque no recoja ningún texto bíblico en particular).  En caso de celebrarse la memoria de la Bienaventurada Virgen María, puede entrar en este momento un canto mariano.  Lo mismo si es fiesta de un Santo.
Canto final
Es preciso que la Eucaristía tenga una conexión con la vida: que salgan los participantes con un compromiso, con una esperanza, con la sensación de haber crecido en la fraternidad y la decisión de dar testimonio en medio del mundo.
Criterios
No es obligatorio cantar al final. En caso de hacerlo, debe expresar lo mencionado anteriormente: alabanza, gratitud, compromiso, testimonio). También puede entonarse un canto profano cuyo tema sea religioso o el himno del santo cuya fiesta se ha celebrado.

Principios que ofrece el Papa para la música dentro de las celebraciones litúrgicas católicas
El Papa señala que “ante todo es necesario subrayar que la música destinada a los ritos sagrados debe tener como punto de referencia la santidad”.  “La misma categoría de ‘música sagrada’ – advierte el Pontífice – hoy ha sufrido una ampliación tal que incluye repertorios que no pueden entrar en la celebración sin violar el espíritu y las normas de la misma liturgia”.
“La reforma obrada por San Pío X se dirigía específicamente a purificar la música de la Iglesia de la contaminación de la música profana teatral, que en muchos países había contaminado el repertorio y la práctica musical litúrgica”, recuerda el Pontífice; y señala que “en consecuencia, no todas las formas musicales pueden ser consideradas aptas para las celebraciones litúrgicas”.
Otro principio es “el de la bondad de las formas”.  “No puede haber música destinada a las celebraciones de los ritos sagrados que no sea primero verdadero arte”.
Sin embargo, “esta cualidad no es suficiente” advierte el Santo Padre. “La música litúrgica debe en efecto responder a sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico a la que está destinada, la adecuada correspondencia con los ritos y gestos que propone”.
El Papa destaca luego el valor de la inculturación en la música litúrgica, pero señala que “toda innovación en esta delicada materia debe respetar criterios peculiares como la búsqueda de expresiones musicales que respondan a la necesaria involucración de toda la asamblea en la celebración y que eviten, al mismo tiempo, cualquier concesión a la ligereza y la superficialidad”.
“El sagrado ámbito de la celebración litúrgica no debe convertirse jamás en laboratorio de experimentos o de prácticas de composición y ejecución introducidas sin una atenta revisión”, dice además el Papa.
El canto gregoriano, dice luego Juan Pablo II, “ocupa un lugar particular”; pues “sigue siendo aún hoy el elemento de unidad” en la liturgia.
En general, señala el Papa, el aspecto musical de las celebraciones litúrgicas “no puede ser dejado a improvisación, ni al arbitrio de los individuos, sino que debe ser confiado a una bien concertada dirección en respeto a las normas y competencias, como fruto significativo de una adecuada formación litúrgica”.
Por ello, en el campo litúrgico el Papa señala “la urgencia de promover una sólida formación tanto de pastores como de los fieles laicos”.
El Pontífice reconoce el valor de la música popular litúrgica, pero respecto de ella señala que “hago mía la ‘ley general’ que San Pío X formulaba en estos términos: Tanto una composición para la Iglesia es más sagrada y litúrgica, cuanto más en el ritmo, en la inspiración y en el sabor se apoya en la melodía gregoriana, y tanto menos es digna del templo, cuanto más alejada se reconoce de aquel supremo modelo”.
Juan Pablo II señala que hoy “no faltan compositores capaces de ofrecer, en este espíritu, su indispensable aporte y su competente colaboración para incrementar el patrimonio de la música al servicio de la Liturgia siempre más intensamente vivida”.
El Papa recuerda que San Pío X, “dirigiéndose a los Obispos, prescribía que instituyesen en sus diócesis una comisión especial de personas verdaderamente competentes en cosas de música sagrada”.  “Allí donde la disposición pontificia fue puesta en práctica, los frutos no han faltado”, destaca el Papa; por ello, augura que “los obispos sigan secundando el compromiso de estas comisiones, favoreciendo la eficacia en el ámbito pastoral”.
“También confío que las conferencias episcopales realicen cuidadosamente el examen de los textos destinados al canto litúrgico, y presten especial atención a la evaluación y promoción de melodías que sean verdaderamente aptas para el uso sagrado”.
Joseph Ratzinger enumera otros criterios sobre la música sagrada:
  • La letra de la música litúrgica tiene que estar basada en la Sagrada Escritura.
  • La liturgia cristiana no está abierta a cualquier tipo de música.  Exige un criterio, y este criterio es el Logos, entendido aquí como razón.  Sólo así esa música nos elevará el corazón.  La música sagrada no debe arrastrar al hombre a la ebriedad de los sentidos, pisoteando la racionalidad y sometiendo el espíritu a los mismos.


¿Qué es una buena canción?



Una buena canción es: una breve narración poética compuesta para ser cantada. He aquí los elementos esenciales de una buena canción. Son lo que hemos denominado "las fórmulas mágicas". Sobre la base de las mismas se han construido... ¡las mejores canciones del mundo!

 
UNIDAD - BREVEDAD - NARRATIVA - POESÍA - COMPOSICIÓN - CANTO.


Veamos ahora en qué consisten estos elementos esenciales que denomino "las fórmulas mágicas".

1. Unidad: en las buenas canciones, hay sólo un tema o pensamiento principal. El autor concentra su atención en el tema principal objeto de su inspiración, desarrolla y concluye sobre él.

2. Brevedad: las buenas canciones son de corta duración o extensión. La mayoría de los grandes éxitos musicales no tienen más de tres minutos. Una buena canción es algo que tiene más de calidad que de cantidad.

En la mayoría de los festivales de la canción, el límite de tiempo permitido, incluyendo introducciones, puentes orquestales, estribillos y coros, es de tres minutos y medio.

3. Narrativa: las buenas canciones cuentan o refieren un tema que tiene principio, desarrollo y conclusión. Se trata de "mini-exposiciones" de, a lo sumo, tres o cuatro minutos. En ese tiempo absuelven, como las buenas noticias, las interrogantes psicológicas de todo lector u oyente: ¿Qué? , ¿Quién?, ¿Cómo?, ¿Cuando?, ¿Dónde?, ¿Por qué?. Las buenas canciones no dejan al oyente con la sensación de que faltó algo por decir.

4. Poesía: las buenas canciones son poesía o expresión de la belleza por medio del lenguaje artístico, en verso o en prosa. Se trata de un lenguaje subjetivo y emocional promovido por inspiración del poeta, que lo obliga y lo lleva a exteriorizar, con palabras artísticas, las imágenes de su mundo interior, las que evoca enlazadas con la imaginación y la fantasía. Las buenas canciones son buena poesía, pero no toda buena poesía es una buena canción.

5. Composición: las buenas canciones observan las reglas de ciencia musical para la formación o estructura del canto y el acompañamiento musical. Esto facilita su interpretación y acompañamiento y que el oyente pueda aprenderlas y recordarlas. Una buena canción es también buena música. Esto se aprecia claramente en las interpretaciones denominadas corrientemente como "instrumentales".

6. Canto: las buenas canciones se escriben para ser cantadas. Esto es, para ser interpretadas mediante la voz y el lenguaje cantado. Se ajustan a las posibilidades del registro vocal humano, son cantables. Esta es su diferencia fundamental con los poemas, que son poesía para ser declamada o leída.

Recuerde que sobre la base de estos elementos esenciales o fórmulas mágicas del arte-ciencia de hacer canciones se han creado o compuesto la mejores canciones del mundo.

Por aquello de que más vale un buen ejemplo que mil palabras, veamos como funcionaron las "fórmulas mágicas" en el bolero SOLAMENTE UNA VEZ, del maestro Agustín Lara y éxito mundial del cancionero romántico latinoamericano.

SOLAMENTE UNA VEZ

A

1.- Solamente una vez, amé en la vida.

2.- Solamente una vez y nada más.

B

3.- Una vez nada más en mi huerto

4.- brilló la esperanza,

5.- la esperanza que alumbra el camino

6.- de mi soledad.

A/1

7.- Una vez nada más, se entrega el alma.

8.- Con la dulce y total renunciación.

B/1

9.- Y cuando ese milagro realiza

10.- el prodigio de amarse,

11.- hay campanas de fiesta que cantan

12.- en el corazón.

El tema central que sirve de inspiración al famoso bolero lo constituye el único amor y se desarrolla brevemente en doce líneas de versos.

En tiempo tradicional de bolero se canta en minuto y medio, aproximadamente. La narración se desarrolla respondiendo a las preguntas psicológicas del oyente y concluye con la hermosa estrofa final. El lenguaje poético utilizado es claramente subjetivo y emocional, lleno de fantasías y de preciosas imágenes literarias.

Por otra parte, la estructura de la composición del bolero nos brinda dos aspectos muy reveladores en cuanto a la "ciencia musical" que contiene: a. el orden estrófico melódico del canto y b. la versificación métrica del lenguaje utilizado.

a. El orden estrófico melódico del canto: Se presenta en una fórmula simple que podemos denominar A - B - A/1 - B/1. Esto es, dos pares de estrofas, en donde la primera es melódicamente igual a la tercera, y la segunda igual a la cuarta.

b. La versificación métrica : este asunto tal vez requiera ahondar un poco en las reglas de la versificación, a fin de que pueda ser captado más claramente por los principiantes, a los que van dirigidas primordialmente estas lecciones. Por eso, a ello dedicaremos el siguiente capítulo.