lunes, 6 de diciembre de 2010

La inversion de Dios en los musicos.

Tu sabes todo lo que Paulo hizo por la causa de Jesús, no solo en aquella región de la antigua Asia menor, también en toda Europa, que era territorio  desconocido para él. La evangelización en Europa  se debe al apostolado de Paulo.


Nadie fue para ese lugar, Paulo fue el primero que abrió el camino, el Evangelio llego a Europa y  por eso llego hasta mi, llego hasta ti, y fue por causa del ministerio de Paulo.

No te imaginas lo que el Señor quiere hacer por tu intermedio y tus cualidades musicales, Dios no invirtió en vano en Paulo, Él no invirtió en vano en ti.

 Cuando era un niño de 12 para 13 años, en la fiesta de Santa Cecilia patrona de la música, pedí en la hora de la bendición del Santísimo, con la sencillez  de un niño; “Señor si la música es importante para mí cuando me convierta en sacerdote, abre las puertas para que yo aprenda”.

Hubo una respuesta inmediata.

En aquellos días vinieron a preguntarme si me gustaría aprender  algún instrumento de la banda,  había una banda  en el seminario y fui a aprender requinta,  un instrumento semejante al clarinete pero más  agudo.
Estábamos cerca de navidad, la fiesta de Santa Cecilia era el 22 de noviembre, era hermoso integrar  el coro, hicieron una invitación para ser parte del él, hice la prueba. Entre y ya comencé a cantar en aquella navidad. 

En el mes de enero preguntaron quien quería aprender a tocar el piano, y fui a aprender a tocar el piano, era el Señor que estaba invirtiendo en mi.

No me imaginaba lo que el Señor iba a hacer conmigo a partir de la música, Dios no estaba invirtiendo en mí en vano.

Cuando era niño,  cantaba canto gregoriano, el canto gregoriano es  la mejor preparación para la voz, Dios invertía, no me imaginaba hasta qué punto el quería invertir en mi, se que en el camino de mi vida desperdicie  muchas cosas , infelizmente me deje llevar por muchas cosas que no eran importantes!!! Pero el Señor fue invirtiendo en mí, de una manera especial, cuando me bautizo en el Espíritu Santo en 1971 hubo una gran señal de que Dios tenía una proyecto para mí.

Mire el resultado, no hablo por los disco grabados, o un programa de radio, o de televisión, esto es lo de menos, mire lo que hoy es Cancao Nova, lo que Dios hizo por mi intermedio, diciendo esto no me estoy exaltando a mí mismo, Dios me libre de esta vanidad, al contrario estoy exaltando al Señor, se lo pequeño que soy, como desperdicie y perdí muchos dones que el Señor me dio. 

El Señor es infinitamente poderoso y fiel. Me remodelo y me devolvió todo; gracias a Dios, ahí está el resultado!  Si fuese más fiel el resultado sería mucho más grande.

No puedes imaginar las dimensiones de la inversión que el Señor tiene para tu vida! Cuando el invierte tienen en  vista objetivos, no pienses apenas en el instrumento que tocas y en la voz que tienes. Piensa en el pueblo para el cual fuiste constituido, como Saulo. La salvación de un pueblo. 

Dios quiere usar también tu musicalidad, y tus dotes artísticas, Dios te quiere utilizar.

Piensa en el pueblo y no en ti, ser músico no es hacer shows, nadie está  el ministerio para hacer show: para aparecer  y ser aplaudido. Sino para atraer a las personas hacia Dios.

Hay un pueblo a ser conquistado, el Señor necesita de ti como instrumento de rescate.

El Señor tiene almas para rescatar, El quiere hacerlo por medio del ministerio de tu ministerio, de tus dones, de tu musicalidad. El quiere usarlo con su pureza, su santidad, su empeño en la búsqueda de la palabra de Dios y del rescate de almas, como hizo con Paulo.

 Cuando el pueblo de Israel comenzó a volver para su tierra, encontró judíos de color negro, eso les extraño mucho, esos judíos negros venían del norte de África, de Etiopia, eran profundos conocedores de  la biblia y creían en Jesús  como mesías,  probablemente son descendientes del etíope evangelizado por Felipe, son casi 2 mil años, mire la fuerza de una elección.

Las elecciones de Dios traspasan los tiempos, cuando el invierte, lo hace enserio.

Presenta al Señor tu cuerpo, tu alma, tu espíritu, presenta tus dones, tu musicalidad, presenta como Saulo tu voluntad decidida de obedecer; “Señor que quieres que yo haga? “
Pregunta al Señor y reza;

"Si Señor que quieres que yo haga?, cual es mi camino?, cuál es tu voluntad conmigo?".
En primer lugar lo que el Señor quiere de mi es rescatarme, y llenarme del Espíritu Santo, lo que el Señor quiere hacer de mi  es un hombre nuevo, una criatura nueva, volverme un discípulo suyo.

Estoy aquí entregándome Señor en mi pobreza, hasta en la traición que yo hice dejándome llevar por las cosas del mundo, dejándome robar por las fuerzas del mal, si,  humillado me entrego, aquí está  tu siervo Señor, que se haga en mi según tu voluntad.

Señor tal vez este muy golpeado, herido por aquello que el mundo hizo en mí, lo que el mundo derribo, pero tu recibes de vuelta al hijo prodigo, a tu escogido, aquel que el Señor escogió y mantuvo bajo su mirada.

Estoy  aquí de vuelta Señor!  Como el hijo prodigo, sucio y rasgado, pero estoy de vuelta Señor me entrego a ti.

Revísteme Señor del Espíritu Santo,  solo no puedo continuar, necesito estar contigo, Señor, con este pueblo que necesita ser  rescatado, al servicio de él, ya me serví mucho a mi mismo, a mi gloria personal, a mi ambición, a las apariencias y querer ser aplaudido, necesito servir a ese pueblo que debe ser evangelizado, servirte a ti Señor.

Entonces, estoy aquí, necesito de una comunidad, necesito de la comunión de los santos, de tus ángeles, solo no puedo continuar, me entrego a ti Señor. Amén!!!

Mons. Jonas Abib (fundador de la comunidad Cancao Nova)
Del libro  "Musicos en orden de batalla"

jueves, 2 de diciembre de 2010

EL TIEMPO LITÚRGICO DEL ADVIENTO


1. ¿Qué es el Adviento?

Es el tiempo litúrgico marcado por las cuatro semanas antes de Navidad, en las que centramos nuestra mirada en la espera y preparación de la venida de Jesucristo. No se trata de hacer como una ficción consistente en simular que Jesús todavía no ha venido a nuestro mundo, e imaginarnos que somos la gente del Antiguo Testamento que esperaban la llegada del Mesías. Jesús ya vino hace dos mil años, y con su venida ha transformado nuestra historia y nuestra vida. Somos sus seguidores y hemos recibido su Espíritu para ser continuadores de su obra. ¿Qué quiere decir entonces, esperar y preparar su venida? Quiere decir varias cosas: en primer lugar, significa revivir la venida histórica de Jesús, quiere decir mirar hacia atrás, hacia ese acontecimiento trascendental sucedido hace dos mil años y revivirlo con toda la intensidad. Por eso en el Adviento nos preparamos para celebrar, con toda intensidad ese hecho decisivo para nuestra salvación: Dios se ha hecho hombre, ha venido al mundo a vivir como uno de nosotros, ha entrado en nuestra historia para librarnos del pecado y del mal, ha asumido nuestra naturaleza humana, nuestra carne, y ha hecho de ella vida plena, vida divina. Adviento significa en segundo lugar celebrar y abrirse a la venida constante de Dios, de Jesús, a nuestras vidas y a la vida de la humanidad, venida que se realiza ahora, en cada momento. El tiempo del Adviento nos ayuda a tener presente que Dios viene constantemente a nuestras vidas, a través de los acontecimientos y de las personas con que nos encontramos a diario. Todo hombre y toda mujer, todo acontecimiento que sucede es una llamada que nos hace Dios, una presencia de Dios que nos interpela. Finalmente, en el Adviento celebramos una tercera venida del Señor: es su última venida, la venida definitiva al final de los tiempos, cuando llegará a término nuestra historia humana y entraremos para siempre en la vida de Dios. Este es el horizonte final de nuestra existencia: compartir con toda la humanidad la vida plena de Dios. Jesús vendrá entonces y transformará definitivamente nuestro mundo y nuestras vidas para que sean para siempre vida de Dios, Reino de Dios.

2. Las actitudes del Adviento

Las actitudes interiores que mejor nos preparan a esta venida se pueden expresar de la siguiente manera:
  • Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración, en una apertura atenta y disponible a reconocer los “signos” de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos de la vida, y al final de los tiempos. Por la fe percibimos y reconocemos la presencia de Dios en los sacramentos, en su Palabra, en la asamblea litúrgica y en el testimonio de cada uno de los bautizados. La vigilancia nos pone en guardia ante el mal que nos acecha y nos invita a poner nuestra confianza en Dios que nos salva y nos libera de ese mal y que pasa por nuestras cosas.

  • Andar por el camino trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

  • Andar por el camino trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

  • Dar testimonio de la alegría que nos trae Jesús salvador, junto con la caridad afable y paciente hacia los otros; estar abiertos a todas las iniciativas que busquen el bien común, a través de las cuales ya se construye el Reino de Dios.

  • Profundizar en el espíritu de oración: el Adviento invita a vivir más intensamente el espíritu de oración. Acercarse más al Señor que viene, desear su venida, poner ante él la debilidad de nuestra condición humana, reconocer que sin él no podemos hacer nada, compartir con él la vida que hemos vivido y descubrir en ella su presencia, compartir con él nuestras alegrías e ilusiones. Sin espíritu de oración, todo el camino de espera de la venida del Señor sería una cosa externa a nosotros, no llegaría a nuestro interior. Todo el Adviento tiene que ser vivido como un levantar el corazón a Dios, para que penetre muy adentro en nosotros su presencia salvadora.

  • Conservar un corazón pobre y vacío de sí mismo, imitando a san José, a la Virgen y a san Juan Bautista, los otros “pobres” del evangelio, quienes precisamente por ser así, supieron reconocer en Jesús al Hijo de Dios, venido a salvar a todos los hombres y mujeres. El Adviento también es tiempo de conversión, es reconocer que necesitamos de él. Implica una actitud de hambre y de pobreza espirituales, hambre de ser liberados de las opresiones y esclavitudes del pecado. Pobreza que nos lleva a sentirnos necesitados de Aquel que es más fuerte que nosotros. Disposición para acoger cada una de sus iniciativas.

  • Participar en la celebración eucarística durante el Adviento, significa acoger y reconocer al Señor que siempre viene a estar en medio de nosotros, seguirlo por el camino que conduce al Padre, para que con su venida gloriosa al final de los tiempos, él nos introduzca a todos juntos en el Reino, para ”hacernos tomar parte de la vida eterna”, con los bienaventurados y santos del cielo. El Adviento es tiempo propicio para escuchar la Palabra de Dios que nos invita a estar alerta: “Tengan cuidado: no se les eche encima de repente ese día y queden al margen.”

  • Despertar los sentimientos de alegría, esperanza y paz, aun en medio de las dificultades. Esta actitud va muy unida a la vigilancia. La segunda venida del Señor nos da alegría y paz y alimenta nuestra esperanza, mientras caminamos en este mundo. Porque sabemos que, pase lo que pase, siempre tenemos la confianza de que Dios nos ama y nos acoge a todos, pero especialmente a los pobres y a los que más han sufrido, y nos dará una vida nueva que nadie nos             nos podrá arrebatar, no sólo individualmente sino a todos, porque todos los hombres y mujeres, la humanidad en colectivo, estamos llamados a la vida de Dios.

  • Actitud misionera: es hacer presencia de Cristo en el mundo. El hombre busca ansiosamente su razón de existir. A pesar del avance de la tecnología que ha facilitado mucho las comunicaciones, el hombre no ha llegado todavía al coloquio fraterno. Cada vez se siente más necesitado de la comunidad que se establece entre las personas. El cristiano debe ser signo de fraternidad y comunión, y testigo de Cristo en un mundo que, tentado por el progreso técnico y por el humanismo, a veces quiere emanciparse de Dios.

  • Cultivar la virtud de la paciencia: los primeros cristianos pensaban que la segunda venida del Señor se realizaría muy pronto y que ellos serían llevados, aún con vida, hacia la vida definitiva. Con el paso del tiempo al ver que esto no ocurría, los apóstoles y los responsables de las comunidades fueron descubriendo que había que tomar otra actitud: hay que pasar de la tensión del que espera el fin inmediato del mundo que dé seguidamente la salvación a la actitud de considerar la vida en este mundo como un camino hacia la plenitud que un día llegará. Es cierto que el Señor viene, que está cerca, pero no sabemos exactamente cuándo se manifestará definitivamente (cf. St 5,7-8; Mc 4,26-29; Mt 13,24-30).
3. Las dos partes del tiempo del Adviento

Un aspecto importante del Adviento es que litúrgicamente está dividido en dos partes. Esto se nota principalmente en la distribución de las lecturas. a. La primera parte del Adviento
Es la que va desde el primer domingo hasta el 16 de diciembre. Durante todo este tiempo, lejos aún de la preparación de la Navidad, las lecturas de la misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: la venida salvadora al final de los tiempos, la venida salvadora ahora, cada día, y la venida salvadora que tuvo lugar hace dos mil años. Estos tres aspectos se mezclan y son enfocados por las lecturas de los profetas y de los evangelios. Los primeros días del Adviento (hasta el miércoles de la segunda semana), el centro de interés de las lecturas está en unos textos tomados del profeta Isaías, leídos como primera lectura. Los oráculos de Isaías nos van guiando en la espera de la vida nueva de Dios  que el Mesías viene a traer. Como complemento, el evangelio nos presenta un conjunto de escenas de la vida de Jesús que muestran que las profecías de Isaías se van cumpliendo en las palabras y los hechos de Jesús.
A partir del jueves de la segunda semana, el personaje principal de las lecturas es Juan Bautista. Desde este día hasta el 16, se leen trozos del evangelio en los que aparece Juan Bautista o se habla del significado de su misión como precursor del Señor.

b. La segunda parte del Adviento
Al llegar el día 17, cambia la escenografía del Adviento. Esta última semana se concentra en la preparación de la Navidad. El día 17 se dejan las lecturas que se venían haciendo según el orden semanal y se empieza el nuevo orden de lecturas que va según el número del día (17 de diciembre, 18..., etc.) Esta semana guarda una cierta semejanza con la Semana Santa que concluye la Cuaresma y conduce a la Pascua. Por eso algunos la han llamado “la semana santa que prepara la Navidad”. La liturgia invita a vivir estos días con mayor alegría, guiados por los personajes que vivieron con tan de cerca el acontecimiento del nacimiento del Mesías: María, José, Zacarías, Isabel, etc.
Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús: se lee primero el capítulo 1 del evangelio de Mateo, luego las escenas del capítulo 1 de Lucas. Así se puede contemplar toda la preparación inmediata del cumplimiento de las promesas de Dios. Esas promesas de Dios, que se habrían de cumplir en Jesús,  se leen en los pasajes del Antiguo Testamento, como la primera lectura.
La Liturgia de las Horas también contiene muchos elementos que preparan para la Navidad.

4. Los cuatro domingos del Adviento

Los cuatro domingos del Adviento son la columna vertebral que ayuda a la vivencia de este tiempo. El domingo sentimos de manera especial que lo que vivimos a diario entra en contacto personal y comunitario con el Señor. Hay toda una pedagogía para vivir el tiempo del Adviento desarrollada progresivamente a lo largo de los cuatro domingos: el primer domingo se centra la atención sobre todo en la venida gloriosa del Señor al final de la historia para llevar a cabo la consumación de su Reino. El segundo y tercer domingos, el interés se centra el Juan el Bautista y nos apremian a preparar el camino del Señor, a estar atentos a su venida constante. El cuarto domingo se centra en la preparación de la fiesta ya muy cercana de la Navidad: María es la figura central, y su espera es el modelo y estímulo de nuestra espera. Ese itinerario está complementado por las primeras lecturas: en los tres primeros domingos, las primeras lecturas recogen las grandes esperanzas de Israel, y en el cuarto domingo también conducen junto con el evangelio a las promesas más directas del nacimiento del Hijo de Dios. Los salmos por su parte cantan la salvación del Dios que viene o son plegarias que piden su venida o su gracia renovadora. Las segundas lecturas,tomadas de las cartas de San pablo o demás cartas apostólicas, exhortan a vivir la venida del Señor.
Una buena manera de vivir el Adviento será dedicar cada semana un rato a reflexionar sobre estos textos, sobre todo, las lecturas del domingo correspondiente. A continuación se presenta un esquema de las lecturas de estos días.